Sanar es …

2. febrero 2026 | 

dejar de asumir un rol

Fíjate

No puedes sanar en el lugar donde te rompiste porque ese lugar no es un sitio, es una dinámica.

No es la casa.
No es el trabajo.
No es la ciudad.

Es el rol que ocupas ahí.

Ahí eres: la que aguanta, el que siempre cede la fuerte, el responsable, la buena hija, el que no molesta

Y cada vez que entras, el guion empieza solo. No tienes que decir nada.
Ya saben quién eres.
Y tú también.

Sanar exige algo peligroso: dejar de actuar ese personaje.

Pero en el lugar donde te enfermaste, si cambias… incomodas, molestas, rompes el equilibrio que otros necesitan.

Y entonces pasa esto:

Intentas poner límites → “no seas exagerada”
Intentas descansar → “has cambiado”
Intentas decir lo que sientes → “antes no eras así”

¿Ves el problema?

No es que no puedas sanar.
Es que ahí te recuerdan quién eras cuando estabas rota.

Y sanar implica traicionar esa versión.

Por eso a veces el cambio no empieza con fuerza de voluntad, empieza con distancia.

Distancia de personas.
De rutinas.
De conversaciones.
De expectativas.

No para huir.
Para que el nuevo tú tenga espacio de existir sin que el viejo tú lo ahogue.

No te curas donde te enseñaron a sobrevivir. Te curas donde puedes dejar de hacerlo.

Para suscribirse es en el botón de abajo.

Artículos similares