¿Quieres que corran o quieres que tengan miedo?
13. septiembre 2026 |
La diferencia entre dirigir un equipo y liderarlo
Fíjate
Hoy en día estamos en una carrera de liderazgo.
Muchos, como tú y como yo, queremos liderar. Y muchos ni siquiera saben que ya lo están haciendo.
No sé si ves béisbol, fútbol o cualquier otro deporte de equipo, pero fíjate en esto.
Este mes ocurrió algo impresionante.
Pat Murphy, manager de los Milwaukee Brewers, se acercó a Lara, un jugador venezolano de béisbol de 21 años, antes de un turno decisivo.
Le preguntó si estaba preparado.
Y le dijo que creía en él al 100 %.
No le transmitió responsabilidad si no lo lograba. No le transmitió miedo.
Le dijo:
CREO EN TI.
Una frase de tres palabras que puede transmitir una confianza que parece bajar del cielo en un cohete aeroespacial.
Porque detrás de ese “creo en ti” hay mucho más:
Confío en ti.
Tú puedes.
Estás en este equipo porque sabemos que tienes potencial.
Sabemos que puedes lograrlo.
Tres días después estaba yo en un partido de béisbol de unos niños de entre 8 y 10 años.
Uno de los equipos iba perdiendo 1-7.
Y ya verás.
El entrenador energúmeno llama a todos los niños y los reúne alrededor de él para decirles que parecen momias.
Que están como estúpidos.
Que están como idiotas, parados y sin moverse.
Que es hora de despertarse.
Que mientras ellos no se mueven, los otros anotan carreras.
Los otros también eran niños de 8 a 10 años.
Pero estaban motivados.
Escuchaban a sus entrenadores decir:
“¡Vamos, tú puedes!”
Y tenían un jugador que acababa de regresar después de tres meses de pausa por una lesión en un brazo.
Llegaba al bate.
Hizo un hit.
Y estaba jugando de emergente porque medio equipo todavía estaba de vacaciones.
Entonces pensé:
¿Qué pasó con Luis Lara el 9 de septiembre?
Lara terminó dando el hit que ganó el partido.
Y aquí está la diferencia.
Liderar no es descargar tu frustración sobre quienes tienes delante.
Es conseguir que quieran dar lo mejor de sí mismos.
No necesitas decirles que son idiotas para conseguir que se muevan.
De hecho, el efecto puede ser exactamente el contrario: resentimiento, miedo y una autoestima por el suelo.
Y sabes qué es lo peor.
Un niño muchas veces le cree a un adulto simplemente porque es un adulto.
Por eso hay que cuidar las palabras.
El cerebro.
La lengua.
Lo que quieras.
Pero si lo que vas a decir no ayuda, no construye y no mejora la situación, y mucho menos si estás frustrado…
respira y quédate callado.
Si eres entrenador, quizá antes de volver al campo deberías ir a terapia.
Y luego vuelves.
Porque liderar a un niño no es enseñarle solamente a ganar un partido.
También estás enseñándole cómo se trata a una persona cuando las cosas no salen bien.
Y eso sí que se queda.
PD: Tengan cuidado dónde y con quién dejan a sus hijos. Lo peor no es solamente que existan adultos que tengan este tipo de actitudes. Lo peor es que haya madres y padres que las normalicen.
¿Y qué cosas estoy dando por normales sin haberlas cuestionado? .. te has preguntado esto
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o en aquellos que están tratando de encontrarla?