Mi idioma no necesita disculpas …

20. septiembre 2026 | 

Que no lo entiendas no lo hace menos importante.

Fíjate

A veces la gente a la que quieres, admiras, acompañas y apoyas hace comentarios sin pensar y, a veces, son tan desaguisados que ni aclarando lo que quiso decir mejora el enfermo.

Puede ser una persona letrada o iletrada, inculta o culta, analfabeta o alfabetizada, docta o indocta. Si pongo todo esto en el letrero de una librería, seguro entra alguien a comprar cigarrillos.

Pero bueno, pasa que, al final del día, la energía para pensar va disminuyendo. Las frases planas, automatizadas y normalizadas aparecen y pasa lo que te cuento a continuación.

Sigue leyendo.

Fui invitada a una noche de literatura y baile, esas combinaciones que hace la gente, muy parecidas a «un batido de lechosa», pensando que, mezclando más, agregando más cosas o mostrando todo lo que sabes, le va a gustar más a la gente o vas a vender más.

Eso termina siendo, casi siempre, un bofio: espeso y desagradable.

Tengo que decir que la noche no fue ni desagradable ni espesa. El evento duraba una hora, entre una lectura y una música de fondo con un instrumento de cuerdas clásico. La sala era súper acogedora, con unas pinturas extraordinarias. Muy tranquila y relajante para desconectar.

Al final de la noche me preguntan a qué me dedico, a lo que respondo: «Tengo un blog de desarrollo personal y estoy desarrollando mi marca personal, después de muchos años de trabajo como ingeniera electricista e ingeniera de calidad».

Me preguntan si escribo en alemán, a lo que respondo: «No, en español».

«¡Qué lástima que escribes en español!»

¿Qué diría el sistema de defensa aérea del sistema nervioso parasimpático de cualquier persona promedio en medio de un comentario como este?

Que estás mal por escribir en español.

Así, resumiendo y sin anestesia.

Eso es lo que diría el sistema de supervivencia.

El ego diría:

«Pobrecita, está limitada. ¡No habla español y quisiera leerlos! Pues que empiece a aprender.»

Y el sistema neutral te diría:

«Quisiera ayudarte más, pero para ayudarte tendrías que hacerlo en mi idioma.»

Y aquí está la parte interesante.

Una misma frase.

Tres interpretaciones.

Una defiende.

Otra ataca.

Y otra simplemente observa.

Yo solo puedo darte la moraleja para evitarte el trabajo de la reflexión, que estoy aquí para ahorrarte energía:

Su camino no es tu camino.

Que alguien no pueda leer lo que escribes no convierte tu idioma en un problema.

Que alguien piense que deberías escribir en otro idioma tampoco convierte esa opinión en una obligación.

Y, sobre todo, no conviertas los pensamientos de otra persona en pensamientos propios.

PD: Devuélvele el poder a la gente y tu vida será más sencilla y más ligera. Esto no solo pasa entre nuestra cultura maracucha estigmatizada y la lírica del castellano desde la vista de Miguel de Cervantes. Pasa en el devenir de la comunicación.

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