La flojera es un riesgo …
3. marzo 2026 |
te puede costar la vida
Fíjate.
Vas caminando por una de esas caminerías tranquilas.
Piedras.
Pendiente.
Montañas al fondo.
Los Alpes mirándote desde Austria y Suiza.
Y de repente lo ves.
Un tipo atlético viene trotando. Se para frente a las vías del tren.
Tú piensas: “¿Y este?”
Sigue caminando. Sube por las piedras. Cruza por donde no debe.
Al otro lado sigue la caminería. Podría haber dado unos metros más y cruzar seguro.
Pero no.
Ataja.
En ese momento solo pides una cosa: que no venga el tren.
Un minuto después —un minuto— aparecen las luces.
Un tren rojo y blanco atravesando el mismo punto.
Y solo piensas:
¿Y si se tropieza?
¿Y si se le suelta el cordón?
¿Y si pisa mal?
La flojera no siempre se nota. A veces parece eficiencia.
“Es solo un atajo.”
“Son solo unos metros.”
“No pasa nada.”
Hasta que pasa.
Si ya estás corriendo, ¿qué te cuesta dar la vuelta correcta?
La prisa mal medida
y la flojera disfrazada
pueden costarte más que tiempo.
No pongas tu vida —ni tus metas— en manos de un atajo.
Que tengas un feliz, bendecido y maravilloso día.
Y si conoces a alguien que siempre busca el atajo… pásale esto.
No saques a pasear la flojera.
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