La de botas …

18. noviembre 2025 | 

no siempre es devota

Hoy es Día de la Chinita.

Un día grande para los zulianos, para los maracuchos y para cualquiera que lleve en el pecho a la Virgen de Chiquinquirá.

Y mira qué curioso:
Los que más celebraban la feria como si fuera un maratón de tarimas, cerveza y amaneceres en el Maruma…
Los que iban a las corridas, al juego de béisbol, y quedaban rotos toda la semana…

Esos mismos —los que pasaban frente a la Basílica sin mirar ni la fachada—
hoy están fuera de Venezuela, con un nudo en la garganta, extrañando hasta el olor a plaza llena.

Y ahora son los más devotos.
Tienen su réplica de la Chinita en la sala, la prenden, la limpian, la cuidan.
La fe llegó después, cuando la tierra quedó lejos.

Así es la vida.

Hay gente que nunca escuchó una gaita completa.
Gente que la feria le daba igual.
Gente que la religión no le movía ni una pestaña.

Y está perfecto.
Cada quien lleva su fe como quiere —o no la lleva, y también vale.

Pero hay una cosa que es verdad en cualquier idioma y en cualquier país:

Cuando te toca una mala, pero de las que te dejan en el piso,
solo queda lo que crees.

Llámalo Dios, llámalo la Virgen, llámalo el universo, llámalo energía, o incluso ese árbol que abrazas cuando no puedes más.

Ahí, en ese momento, no hay poses, no hay feria, no hay fiesta.
Ahí lo que hay es verdad.

Y la verdad siempre encuentra su camino de vuelta.

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