Esto Crece … cuando se estira la lona

15. abril 2026 | 

pero también puede romperse

Fíjate.

Cuando estiras la lona de la calle Alcalá 77, frente al Parque del Retiro, además de quedar lisa, pasan varias cosas.

Número uno: la espalda del autor se ve ancha.
Número dos: se ve arrogante.

Y hay algo más.

Cuando estiras… crece. Como la plastilina.

Ahora llévatelo a ti.

Cuando intentas algo que te cuesta, pasan dos cosas al mismo tiempo: te sobreexiges… y tu cerebro se estira.

Como una Play-Doh.

Por eso se llama neuroplasticidad.

Se crean nuevas conexiones neuronales y aparece ese momento de: “Aha… puedo más y no cuesta tanto”.

Pero…

Ya sabes lo que pasa cuando una lona se tensa más de lo que puede aguantar: se rompe.

Y no se rompe por cualquier sitio.

Se rompe por el punto débil.
El ojal.
El pequeño desgarro que parecía insignificante.

Efecto cremallera: empieza pequeño… y acaba en rotura total.

Con tu cerebro pasa igual.

Si tu punto débil es que no te miras… no te valoras… no te sostienes…

Por ahí se rompe todo.

Y cada rechazo que no gestionas es un microdesgarro más.

Hasta que un día… no puedes más.

Así que sí: estira.

Rétate.

Crece.

Pero no vivas en tensión constante.

Pon límites.
Cierra ciclos.

Porque si sigues estirando sin parar… terminas en efecto media: roto por donde menos lo esperabas.

Ahora haz algo con esto.

Reenvía este artículo a esa gente que siempre lo estira todo… y luego no entiende por qué se rompe.

 

Artículos similares