El problema no es estar cansado …
30. agosto 2025 |
entonces que es?
Sentir cansancio es un estado normal del cuerpo, igual que un carro te avisa cuando se queda sin gasolina.
Llorar también.
Pero sentir es una cosa… y repetir que hace mucho sol —algo que no puedes cambiar— solo te llena de cortisol y te infla como un zepelín.
El asunto es ignorar lo que sentimos y hacer como si no pasara nada. Hay que darle la importancia que tiene para uno mismo, ni más ni menos. El umbral de dolor varía de persona a persona.
Y ojo: esto lo sabes, pero a veces se te olvida.
Llorar es natural.
Es lo que hace tu cuerpo cuando está full de cortisol hasta los teque-teques.
El Dr. Mario Alonso Puig, la Dra. Marian Rojas Estapé y la Dra. Sari Arponen lo han repetido en mil entrevistas:
→ cuidar el sistema nervioso parasimpático es clave.
¿Cómo? Buen sueño. Buena alimentación. Meditación. Buenas relaciones humanas. Y hasta una ducha fría.
Un sistema parasimpático sano nos ayuda a reponernos más fácilmente.
Pero aquí viene lo que casi nadie dice: llorar también activa el parasimpático.
Te ayuda a soltar parte de ese cortisol que te carcome por dentro.
William H. Frey II, bioquímico de la Universidad de Minnesota, lo estudió: llorar es un mecanismo de descompresión. Por eso, aunque acabes cansada después, también sientes alivio.
Históricamente, a las mujeres se les permitió llorar más que a los hombres. Ellos debían ser fuertes, ellas no “tan dramáticas”. Pero el llanto siempre fue lo mismo: una alarma del cuerpo.
Entonces pregunto:
¿Por qué reprimirlo?
¿Por qué importa más que te vean llorando que lo que sientes de verdad?
¿Tan poca compasión nos queda?
Aquí está la línea fina:
Sentir es percibir. Interpretar. Proyectar lo que pasa por dentro.
Quejarse es otra cosa. Es descontento. Repetición. Intoxicación.
Cuando lloras, hay algo que no te hace bien. Puede ser dolor… o incluso felicidad.
Cuando nada te satisface, cuando todo es inconformidad y además lloras: te estás intoxicando con tu propia queja.
Una cosa es el optimismo, y otra muy distinta es fingir una fortaleza falsa, como si nada nos afectara. La verdadera fuerza está en reconocer que, aun con las situaciones duras de la vida, somos suficientes para estar bien.
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