¿Cuántas cosas estamos construyendo hoy …

17. agosto 2026 | 

sin saber todavía para qué nos van a servir?

 

Fíjate.

A veces crees haber olvidado un deseo.

Lo crees tú, la del piloto automático. Pero cuando un deseo es muy fuerte y has tenido una emoción tan grande pensando en algo que deseas, aunque sea una sola vez, ese sueño está allí mientras tú cocinas, limpias, cortas la grama, limpias el garaje, tomas el bus o el tren…

¿Cuántas cosas has visto, leído, escuchado o vivido que aparentemente no significaban nada y que, años después, terminaron teniendo sentido?

¿Cuántas veces creemos que algo que hacemos hoy no sirve para nada porque todavía no vemos el resultado?

No sabes qué conversación, libro, persona, decisión o aprendizaje está construyendo tu futuro.

Con lo que vas a leer a continuación te voy a demostrar que es así.

Sigue leyendo.

 

 

La primera vez que escuché sobre lugares para esquiar fue ya estando en Austria, cuando la gente me hablaba de los lugares para esquiar o del deporte en sí. De resto, sabía del muñeco de Atari de dos bits que se quedaba patas arriba si te metías entre las piernas la bandera que señalizaba el camino.

 

Aprendiendo alemán compré un abono a una revista llamada Deutsch Perfekt. En la edición de febrero de 2015 había, en la portada, un cuadrito pequeñito en amarillo que decía: «Auf Deutsch gute Texte schreiben» («Escribir buenos textos en alemán»).

Esto era lo que yo necesitaba para conseguir mi primer trabajo.

El diseño de la portada era una mujer con unos lentes de esquiar que reflejaban el paisaje de unos lugares más lujosos para esquiar.

El título de la portada para esa edición decía Wintersport-Legende Saint Moritz («Saint Moritz, la leyenda de los deportes de invierno») y, entre tantas cosas, el artículo de cinco páginas contaba que ese año se conmemoraban 150 años de aquella leyenda de Badrutt, un hotelero del lugar que tenía un problema para recibir huéspedes en invierno porque la gente iba allí a vacacionar en verano.

El resto del año, sonido de grillos en el hotel.

Desde allí, viendo las fotos, me quedé con la ilusión de conocer ese lugar y, especialmente, Piz Nair, que nombraban en la revista. Un artículo de unas cinco páginas titulado Schnee im Blut («Nieve en la sangre»).

 

Había sido el único artículo de la revista que había leído, estudiado y traducido palabra por palabra. Con mucho resaltador amarillo.

 

Ese artículo no solo hablaba de lo maravilloso del lugar, sino también de los problemas de los lugareños, porque el lugar había pasado a basar su vida en el turismo, dejando a un lado el problema de la economía para la gente que es del pueblo y tiene que irse a Chur, una ciudad suiza que queda a unos 77 kilómetros, para estudiar.

O, peor aún, mudarse a pueblos más modestos cercanos para poder vivir de un sueldo, porque no pueden comprar en Saint Moritz: todo es muy caro.

Saint Moritz era un lugar donde la gente iba a curarse. Pasó a ser un lugar donde la gente iba a hacer Kur y a convertirse en un lugar de marketing lujoso y «elegante».

 

Este domingo 16 de Agosto estaba yo allí, en Saint Moritz, visitando Piz Nair, viendo cómo vive la gente, encontrándome familias con sus hijos, buscando un lugar para recrearse, para descubrir, para desconectar. Gente haciendo ciclismo de montaña, senderismo, trotando alrededor del lago, comiendo pizza con la gente con la que se siente importante.

 

La postal no es la realidad completa. Un lugar puede ser maravilloso y, al mismo tiempo, no ser perfecto. Por suerte.

Detrás de una diferencia económica enorme siguen existiendo necesidades humanas.

La gente con mucho dinero también cocina con agua, quiere que la traten bien y se reúne en familia.

También quiere sentirse importante por lo que es y no por el dinero, ser importante para sus seres queridos y ser apreciada de verdad.

El dinero puede cambiar el lugar donde cenas, pero no necesariamente cambia lo que necesitas sentir cuando te sientas a la mesa.

 

Ahora…

Yo creía haber olvidado mi deseo.

Lo habías visto, lo había guardado y, once años después, aparecí en ese lugar por una invitación de sábado por la mañana.

 

Si te preguntas:

¿Para qué estoy haciendo todo esto?

No siempre puedes saberlo mientras lo haces.

Quizás no necesitas inventar un sueño nuevo.

Quizás necesitas recordar alguno que abandonaste.

Mirando hacia atrás puedes encontrar conexiones que cuando estabas viviendo cada etapa no podías ver.

 

¿Qué estás haciendo hoy que quizá dentro de diez años tenga sentido?

¿Y si algunas cosas que haces hoy están construyendo una vida que todavía no puedes ver?

 

Durante once años pensé que quería conocer Saint Moritz.

Ahora creo, que la vida me estaba ayudando a recordar, que algunas cosas que hacemos sin saber  terminan formando parte de la persona en la que nos convertimos. Es esto que Steve Job llama: conectar los puntos.

 

Mis domingos, mis días favoritos, he cumplido un sueño que tenía dormido sin saberlo.

 

La vida tiene una extraña manera de llevarte a lugares que alguna vez miraste sin saber que estabas mirando. No siempre sabemos quién estamos siendo mientras estamos construyéndonos.

 

¿Quién eres detrás de todos los roles que has asumido?

 

La aprendiz que era en ese entonces no sabía que con ese artículo no solo estaba aprendiendo alemán. 

 

PS: A veces hay partes de tu propia vida que todavía no entiendes ni a dónde te llevará eso que hoy estás haciendo aun sabiendo para qué.

 

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