Cómo vencer la flojera…

29. agosto 2025 | 

el truco mental que nadie te contó.

La gente siempre quiere saber el famoso truco del almendruco.
Pero la verdad es incómoda: somos flojos. La mente es floja. Si pudiera hacer nada, lo haría.

Antes de revelarte el truco, hagamos un ejercicio con el verbo que más se conjuga en silencio: flojear

Yo flojeo.
Tú flojeas.
Él flojea.
Ella flojea.
Nosotros flojeamos.
Vosotros flojeáis.
Ustedes flojean.

No lo decimos así, claro. Lo disfrazamos de quejas:
“Uff, mañana a trabajar…”
“Uff, tengo que lavar la ropa…”
“Uff, ojalá pudiera quedarme viendo pelis…”

La flojera se esconde en cada “uff” que te repites.

La diferencia está en los que conocen el truco. Ellos lo usan todos los días, han entrenado su mente porque cuando aparece el verbo flojear —en forma de pensamientos, excusas o justificaciones— ya saben cómo responderle.

El verdadero truco del almendruco es justo ese: entrenar tu mente.

Entrenar cómo piensas.
Entrenar lo que dices y cómo lo dices.
Entrenar tu verbo. Entrenar tus conjugaciones.

No es poesía barata.

Simone Weil lo dijo claro: “El apego es fabricante de ilusiones; quien quiera ver lo real, debe estar desapegado.”

Hermann Hesse lo completó: “Para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.”

Si quieres dejar de estancarte, tienes que empezar por pensar distinto. Pensar mejor que ahora.

Pensar distinto no es un lujo: es la única manera de avanzar.

Así que la pregunta no es si tienes flojera. La pregunta es:

¿vas a entrenar tu mente o vas a seguir conjugando el verbo flojear?

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