Cómo enfrentar el edadismo…
18. octubre 2025 |
sabes los que es y de dónde viene?
Fíjate en esto que te voy a contar hoy.
Hace unos siglos, llegar a los 40 era casi un milagro.
No porque la gente se muriera justo al soplar las velas, sino porque antes la mitad se quedaba por el camino.
Una infección, un parto, un diente podrido, una guerra… y adiós.
Los que sobrevivían, a los 40 ya estaban gastados.
Sin Netflix, sin gimnasio, sin dentista, sin segunda oportunidad.
Si nacías zapatero, morías zapatero.
Si eras mujer, la vida se te iba criando hijos y aguantando al zapatero.
No existía eso de “reinventarse”.
Reinventarse era sobrevivir un día más.
Y míranos ahora.
Con crema antiedad, café de cápsula y crisis existenciales con WiFi.
Nos quejamos de estar cansados… pero tenemos más años por delante que los que ellos soñaron vivir.
A los 40 hoy no se acaba nada.
Empieza lo bueno.
Empieza el punto en que te das cuenta de que el tiempo vale más que el sueldo,
que el cuerpo hay que moverlo porque te lleva a donde tus sueños no pueden ir solos,
y que cambiar no es perder lo que fuiste, sino agradecerle y soltarlo.
La reinvención a los 40 no es moda.
Es justicia histórica.
Es decirle al zapatero de hace 300 años:
“Mira, viejo, ahora puedo cambiar de oficio, de idioma, de país o de piel… y seguir viva.”
Porque sí, antes la vida se terminaba a los 40.
Ahora, si te atreves, a los 40 apenas empieza.