Cuando se cierra una puerta …

23. agosto 2026 | 

es porque sopló un viento muy fuerte

Fíjate.

Alguna vez te han botado del trabajo.

Directa o indirectamente.

Y otras veces has sido tú quien ha decidido irse.

Y se siente tan diferente…

A veces tienes muchas razones para no quedarte en un lugar

 

Y fíjate en la diferencia:

No es lo mismo decir “tengo muchas razones para irme” que decir “tengo muchas razones para no quedarme”.

En la primera, hay algo que te empuja hacia afuera.

A veces es evidente.
A veces es silencioso.
A veces nadie te dice que te vayas, pero empiezas a sentir que ya no encajas.

Y entonces tomas una decisión que, en apariencia, es tuya.

En la segunda, también te vas.

Pero hay algo diferente: esta vez decides tú.

Hay una frase que le repito mucho a mi hijo y que viene de una canción:

“Todo tiene un final.”

 

Hasta la broma más divertida deja de hacer gracia cuando la repites demasiadas veces.

Llega un momento en que la risa termina.

Y con algunas etapas de la vida pasa exactamente lo mismo.

Hay cosas que fueron buenas, necesarias, incluso maravillosas…

pero llega un momento en que terminan.

También hay una frase que hemos repetido tanto que casi ha perdido su significado:

“Cuando una puerta se cierra, otra se abre.”

 

Pero hoy, mientras escribo esto, pienso que quizá no siempre funciona así.

Porque cuando una puerta se cierra, no necesariamente aparece otra delante de ti.

A veces la puerta se cierra porque un viento fuerte la sacó de su estado de reposo.

Y ahí estás tú.

Con la puerta cerrada.

Y entonces tienes varias opciones:

Puedes levantarte y salir de esa habitación.

Puedes quedarte en silencio cinco minutos.

O

Puedes esperar.

Esperar a ver quién entra.

 

Hoy es domingo, mi día favorito.

Y esta mañana leí una frase en un cancionero que quiero dejarte aquí:

“Quien cree, nunca está solo.”

 

Así que si hoy se te cerró una puerta, no tengas tanta prisa por encontrar la siguiente.

Primero mira dónde estás.

Respira.

Levántate.

Busca.

O espera.

 

Y sí…

también puede pasar que te quedes como la del Muelle de San Blas.

Esperando.

 

Pero incluso entonces, sigue creyendo.

Sigue buscando.

Desde el corazón.
Desde el alma.
Desde lo que eres.

Porque no tienes que demostrarle nada a nadie.

 

¿Quién eres cuando todas las luces se apagan y nadie te está mirando?

 

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