Lo que el mar enseña sobre empezar
21. junio 2026 |
Hay que aprender a empezar
Fíjate
Durante años el mar se cruzó sin GPS, sin mapas digitales y sin la certeza de que el viaje sería tranquilo.
Y cada vez que pienso en ello me hago la misma pregunta:
¿Cómo avanzaba alguien hacia un destino que no podía ver?
Porque la mayoría de nosotros queremos lo contrario.
Queremos garantías.
Queremos saber que el proyecto funcionará antes de empezar.
Queremos estar seguros de que la decisión es correcta antes de tomarla.
Queremos ver la costa antes de zarpar.
Pero la vida no funciona así.
Y el mar tampoco.
La marina mercante movió durante siglos mercancías, personas, ideas y oportunidades de un lugar a otro.
No porque los marineros supieran exactamente lo que iba a pasar.
Sino porque estaban dispuestos a navegar aun cuando no podían controlarlo todo.
Quizá esa sea una de las lecciones más útiles para nuestro tiempo.
No necesitas ver todo el camino para dar el siguiente paso.
No necesitas tener todas las respuestas para empezar.
No necesitas esperar a sentirte preparada.
A veces basta con tener un rumbo.
Tu tatarabuelo seguramente atravesó tormentas, cambios de dirección y días en los que el horizonte parecía siempre igual.
Y aun así seguía avanzando.
Porque entendía algo que muchos olvidamos:
El destino no se alcanza pensando en él.
Se alcanza navegando.
Tal vez hoy no necesites aprender sobre barcos.
Tal vez necesites recordar que los grandes cambios rara vez ocurren de golpe.
Ocurren como los viajes largos.
Una milla a la vez.
Una decisión a la vez.
Un día a la vez.
Y antes de darte cuenta, has llegado mucho más lejos de lo que imaginabas.
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