La comida que te hacía llorar…
5. agosto 2025 |
y despertar recuerdos peligrosos
Seguro conoces el chiste de las patillas (o sandías, como les digas).
Está un señor vendiendo patillas a $15, al lado de un niño que también las vende a $15.
Mismo producto, mismo precio, uno al lado del otro.
Al niño le quedaba una sola. Al señor, seis.
El niño siguió vendiendo la única que le quedaba a $15. El señor, al ver esto, las rebajó a $10.
¿Y qué hizo el niño?
Le compró todas las patillas a $10… y luego las vendió todas a $25.
¿Cómo se llama la obra?
Salir del molde.
Nos cuesta salir de nuestro pensamiento para pensar en lo que el cliente realmente quiere: calidad y buena atención.
Lo viví en un centro comercial con 9 locales, uno al lado del otro.
A menos que la feria de comida estuviera a reventar, la gente elegía según el antojo, limpieza, atención, vibra… y por la confianza construida con la recurrencia.
Te lo digo no por ser experta en ventas, sino porque trabajé en ventas.
Nuestro local tenía los precios más altos y vendíamos platos que solo se comían en casa, hechos por la abuela. ¿El eslogan?
“Comida casera, como hecha por la abuela.”
Y la gente se acercaba, aunque fuera para decir: “Como mi abuela no cocina nadie.”
Y nosotros respondíamos: ¡Como la mía tampoco!
Risas… y venta cerrada.
Cliente ganado.
No hagas lo que hacen los demás.
Ya hay muchos haciendo lo mismo.
Artículos similares
9. noviembre 2024 |
O para encontrarte con una amiga?