84 horas después,

4. enero 2026 | 

alguien ... está viviendo de tu atención

Aquí y ahora 

Es 4 de enero.
Han pasado 84 horas desde que empezó el año.

Sí, 84.
Y probablemente ya fallaste en todos tus propósitos.


No pasa nada. Tradición universal.

En mi lista había dos muy nobles:

  • Vivir el momento presente.

  • Salir de las redes sociales.


Balance público, porque predicar es fácil y hacer es otra cosa.

Eso de “quiérete todos los días” suena muy bonito. La realidad es otra: hoy te quieres, mañana te machacas y pasado te haces el sorprendido.

Walter Riso —que suele caer bien— habla en Los siete pilares del amor propio de valores como:

Honestidad.
Respeto.
Justicia.
Compasión.
Libertad.
Lealtad.
Integridad.

Todos muy espirituales. Todos muy compartibles en Instagram.

Ahora viene la parte que no se comparte:

¿Cumples alguno contigo?
¿O solo los usas para exigirle a los demás?
¿Eres empático contigo… o solo cuando te conviene?
¿Te pones normas imposibles y luego te culpas por no cumplirlas?
¿Te manipulas emocionalmente y le llamas “intuición”?
¿Eres coherente o solo convincente?

Lo del 3 de enero tuvo a más de 8 millones de venezolanos hipnotizados frente a una pantalla.


Normal.
La esperanza engancha más que Netflix.

Y no te engañes: hay gente facturando muy bien con tu ansiedad.

Isra Bravo dijo una vez:
“El mundo se acaba tres veces al año.”

Y aun así, hoy me levanté, me cepillé los dientes, hice el desayuno y lavé ropa. Porque el apocalipsis nunca paga las cuentas.

La pregunta incómoda es esta: ¿Lo que hiciste en estas 84 horas te acerca a la vida que dices querer?

Primera meta real del año: salud mental.
No likes.
No titulares.
No maratones de indignación.

Si pasa algo importante, te vas a enterar.
Siempre hay alguien dispuesto a despertarte.
Pero mirar la pantalla como un poseso no te devuelve nada de lo perdido.
Solo te quita lo que todavía tienes.

Celebra el fresquito.
Pero no te emborraches de ego ni de sed de venganza.

Cuando liberaron los campos de concentración, muchos no sabían qué hacer con la libertad. Dato incómodo.

Ser libre no es hacer lo que te da la gana. Es saber ponerte límites. Viktor Frankl lo explicó mejor, pero esto ya duele suficiente.

Siente alegría. Y al mismo tiempo entiende que esto no se ha acabado.

Las noticias no pagan la luz.
Ni el teléfono desde el que sigues perdiendo el tiempo.
Ni la comida.
Ni tu futuro.

Aquí y ahora.

¿Con quién estás… cuando no estás mirando una pantalla?

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